
Pero las creencias cambian, como cambia mi percepción frente al espejo. Después de todo las alucinaciones son otro tipo de sueños, aquellos que se desarrollan en tiempo real, los sueños lúcidos, pero lo mío ha pasado a ser enfermedad, o maldición…
En mi forma de ver el problema me acomoda más la maldición. Odio pensar que estoy enfermo.
A veces me pregunto, no sé si soñando o despierto, ¿qué piensa la gente de mí cuando me ven actuar de manera extraña y les asigno un rol dentro de la historia que sólo se desarrolla en mi cabeza? Me cuesta imaginarlo, porque todavía no me convenzo que no sea cierto, aunque el balance me hace perder en la disputa. Es más probable que yo esté loco a que todo el mundo lo esté. Y aquí es donde vuelvo a encogerme de hombros… Porque no quiero darles la razón, no sin haber defendido mi verdad.
Caminar ayuda en momentos de estrés, pero ni eso puedo hacer solo. Me siguen mi madre y mi hermano, cuidando que no dañe a la gente… Si ellos, o alguien, cualquiera, también pudieran ver los demonios…
¡¡Lo mío no es contra la gente, es contra los demonios que viven en ellos!!
Los miro caminar detrás de mí, deteniéndome un instante en sus ojos, y estoy seguro, una vez más, que les vi temblar en sus cuencas oscuras y esbozar una sonrisa siniestra.
Hola David
ResponderEliminarLa verdad, este era un texto experimental, de mucho antes de publicar mi libro.
Te invito a agregarme en facebook. Mi nombre de autor es Alejandro Vilches Aguayo y mi novela se titula "Realidades Paralelas, La Expulsión de Templo"
Saludos