jueves, 31 de marzo de 2011

VINO POR MI


Hace ya casi dos semanas que esa molestia en el brazo izquierdo se volvió constante. Decidió interpretarlo como cansancio o consecuencia de una mala postura al dormir. ¿El cigarrillo? Por supuesto que no tenía nada que ver... No obstante, de manera consciente, comenzó a fumar menos, eso hasta que la molestia se hizo llevadera, entonces volvió a la dosis habitual.


Después de todo él no fumaba tanto... 4 o 5 diarios, y sólo en la noche. Había gente que fumaba el doble, ellos estaban propensos a infartos, pero no él...


Anoche cerró los ojos, en un primer intento por conciliar el sueño, pero los abrió de inmediato. Logró contener el grito, pero no la impresión. Al lado de la cama se erguía una sombra negra, alta, distinta a las otras que ha visto merodear en la casa. Pestañeó un par de veces, contrariado, y buscó en el rincón, queriendo dar forma a la nebulosa que ya se disolvía.


"¿Así se habría visto la muerte?", se preguntó, pero no le dio importancia.


Tuvo un sueño. Por fin le darían el ascenso que siempre ha creído merecer. Pero la alegría se ve mitigada por un intenso dolor en el pecho, que de alguna forma se relaciona con las circunstancias de la alucinación, impidiéndole despertar.


Comienza a dar vueltas en la cama, con las manos llevadas al pecho. "Así es como debe sentirse alguien herido por los perdigones de una escopeta... Con el pecho roto, y los órganos masacrados".


La telaraña de dolor que se expande, como el impacto de una piedra en el parabrisas de un auto, es más grande que sus dos manos contra el pecho. Intentó respirar profundo...


Sentado en una orilla de la cama, en la sombría habitación, lentamente se puso los calzoncillo y los calcetines... Quería estar preparado, pero el miedo trajo consigo otros temores, como los créditos que no ha pagado, el préstamo que le consiguió su amigo, las deudas que su humilde madre no podrá asumir cuando él no esté...


Esto no le puede pasar a él. Tiene 34 años y fuma mucho menos que los "fumadores". Él no se levanta con el pucho en la boca.


Volvió a recostarse. Los síntomas disminuían gradualmente, lentamente...


El miedo de no despertar le impedía volver a cerrar los ojos. Quizás lo mejor sería ir al hospital y esperar allí... por si acaso...


Sin advertir cuando volvió a dormirse y a soñar.


Camina desde la cocina a su cuarto con un tazón de café. Se detiene en la puerta del baño, atraído por una energía que lo envuelve. Se mira al espejo y no ve nada. La voz a su lado le susurra sonriendo:


"Se supone que no debes tomar café... te vas a morir"...

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