
A mí si…
Fue durante un invierno. Lo recuerdo con claridad, por razones que con en el transcurso del tiempo se volvieron obvias.
Como todas las noches me quedé leyendo hasta tarde. No recuerdo haber hecho nada diferente a cualquier día normal. Eso hasta que desperté de madrugada.
Alguien me acariciaba… Yo no tenía conciencia real de la situación. Si en ese entonces me hubiesen preguntado si estaba dormido y se trataba de un sueño, habría respondido que sí. Pero… ¡Sí, lo disfruté! Hasta que me di cuenta de lo que sucedía. Nadie espera recibir placer de un extraño, menos de un demonio.
Yo le digo Duende.
No fue un hecho aislado, a contar de ese día se hizo regular. Y lo peor de todo era que a veces yo esperaba que viniera. Sé que me equivoqué, que mal interpreté el abuso y lo dejé pasar por compañía.
…Me siento un trastornado sólo por haber dicho lo que dije. Me escucho y ni yo lo creo.
No puedo describir como era. Sé que me gustaba, pero no en términos comunes. Imagínate, estás solo, y lo has estado por mucho tiempo, y de repente despiertas y hay alguien… No alguien, una mano tocándote. Me dejaba llevar. Y ahí está lo terrible. Las noches sucesivas fueron una lucha entre el placer y el miedo. Miedo que pasó a convertirse en terror.
Tuve miedo de contarlo, y no lo hice, hasta hoy. Incluso temo que por haberlo confesado vuelva a suceder.
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