
“Después de aquella noche evita entrar solo a su cuarto, al menos hasta la hora de dormir. Sabe que no importa el lugar donde duerma él sabrá encontrarlo.
Cuando va por la calle ha sentido esas miradas. En el colegio, mientras escribe, manotazos en las piernas. Y en casa… todo lo demás… Ruidos, voces, carreras, sombras pequeñas, risas, golpes y que lo tocan…”
¿Has vivido algo parecido?
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