miércoles, 30 de marzo de 2011

INSOMNIO


No podía dormir. Llevaba más de 2 horas con la luz apagada y no lograba conciliar el sueño. Las sábanas sobre su cara dejaban al descubierto los ojos, que se movían impacientes alrededor del dormitorio. Aguzaba el oído, no sólo para oírlo todo sino también para diferenciar los sonidos y buscar en medio del crujir de las maderas, los gatos en el techo, las aves nocturnas y la respiración de su perro, el mismo ruido extraño que sintió cuando volvió a casa.

No estaba loco. Era su gran conformidad, porque esta vez no estaba solo. Lo acompañaba Esteban. Venían sonriendo, emocionados por la tarde en el centro comercial. Abrió la puerta de su dormitorio para dejar las bolsas y en ese preciso momento, algo, a los pies de su cama se agita con violencia, como si girara en su propio torbellino, descontrolado al verse descubierto. Cerró la puerta por instinto. Estaba claro, aunque esa cosa se ocultaba. Ambos amigos se miraron. Ninguno de los dos vio nada, pero los dos lo escucharon. Rápidamente, y sin consultarlo, abrió otra vez la puerta. Hubo un último gruñido, un viento. El ropero se agitó, las ruedas de la cama se deslizaron y por algún lugar, por la ventana de la pieza o por la de su mundo se fue.

Es raro. Cree que en cualquier momento volverá. Se ha sentido observado, justamente desde allí, de arriba del closet, desde temprano.

Se despierta, como avisado por alguien. No siente sueño, ni miedo. Sigue oscuro, pero ante sus ojos, a su lado, hay una oscuridad mayor que no sobrepasa el metro de altura. Entrecierra los ojos, buscando un ángulo de claridad, o de convencimiento, pero no lo encuentra.

Siguen mirándose. Al menos él lo mira a la altura de donde deberían estar los ojos, que no le ve. Y surgen unas palabras, casi audibles en su cabeza.

“Estoy detrás de ti”, la pausa que sigue a la declaración es dolorosamente cruel.
“Y detrás de cualquiera que se te acerque”…

Volvió a dormirse, de la misma forma que despertó. Sin explicación.

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