El rechazo desató la ira del Enemigo, que dependía de los humanos para mantenerse presente en este lado de la realidad, y los demonios no podrían entrar por la fuerza; la regla era inapelable. Los hombres prometieron que nunca más serían presa fácil de los sin alma, como pasaron a denominarlos, y para impedirlo crearon barreras de conocimiento que mantuvieran todo atisbo de la antigua amistad atrapada en el recuerdo; las nuevas generaciones no debían saber nada. De ese modo la brecha fue cerrada y no volvieron a sentirse asechados, nunca más.
Las defensas utilizadas, que mantuvieron su efectividad por siglos, hoy son conocidas como: mitología, cuentos, historias, fábulas o leyendas, mentiras que encubren la realidad a la que le han dado forma de fantasía. Un pecado, si se quiere, menos grave que el anterior, pero que no revierte nada, porque es demasiado tarde.
Hoy, como siempre lo ha hecho, es la espiritualidad quien descubre las miles de caras que adopta el mal para acercarse a los hombres, siempre tras el velo de la engañosa apariencia. Más no ha podido impedir que pasajes aledaños, adecuados a las circunstancias, sean desarrollados, ampliando el abanico de posibilidades y haciendo que cada vez sea más complicado identificar la presencia del opositor. Hechiceros, brujas, adivinos, sortílegos, agoreros y encantadores, acomedidos caprichosos en busca de poder a quienes respalda el Enemigo, se sujetan a su voluntad y, a la vez, él pone a la de éstos, en quienes los hombres si parecen confiar, a legiones de demonios dispuestos a engañar. Esto nos lleva de nuevo al principio.
El ineludible tiempo prosigue su curso y los hombres han mantenido su palabra: directamente ninguno se ha acercado al otro mundo, que ellos lo sepan… Lo que ignoran es que no todos renunciaron al mal. Hubo, no pocos, para quienes no fue fácil, como para la mayoría, renunciar a siglos de favores y poder, que han transferido a sus descendientes como legado. Lo que es muchísimo peor, es que tampoco ha estado en manos de ellos controlar el tránsito de quienes continúan filtrándose de ese otro mundo paralelo, ya que el Enemigo no pactó.
Me gusta mucho como relatas. Tienes una prosa elegante y erudita cuya formalidad es sin duda una de mis cualidades predilectas. Sospecho, en efecto, que debemos tener antecedentes fundacionales semejantes.
ResponderEliminarAhora bien, tu tesis sobre la función "separatista" de la mitología y sus corolarios me genera cierto ruido. Además, le leí hace poco en un libro recientemente publicado por Forja (un libro muy malo, por lo demás) llamado Su Nombre era Dakiu, escrito por un autor que ni si quiera se dio el trabajo de editarlo. Lo que rescato de ella es que tu pareces tratarla con mucha más seriedad que el escritor anteriormente mencionado. Y eso, al margen de mis discrepancias "teóricas" al respecto, es tremendamente valioso.
Un saludo fraterno,
Emilio.
Hola.
ResponderEliminarPrimero que todo, gracias por el cumplido :D
Respecto a Dakiu, sé de él por el face de Isidoro, pero no he leído nada de él, aunque sentí curiosidad porque éste lo recomendaba mucho. Quizás porque son de la misma Editorial. No sé.
En cuanto a la teoría jajaja Eso siempre va a generar discrepancias en cuanto a esta temática.
Nos leemos, Emilio